Después de tantas recaídas te das cuenta de que lo único
importante es tu propia actitud frente a los problemas. Cuando tu vida se
encuentra en medio de un caos existencial, donde tus problemas son
sustancialmente dañinos, te percatas de lo mucho que nos quejamos en esta
sociedad por superficialidades inculcadas por los estereotipos y el caso omiso
que hacemos a los demás cuando sus problemas van algo más allá. Nadie se
preocupa por ti porque no saben ni siquiera cómo reaccionar entregando una
pequeña parte de su tiempo e interés. Son egoístas hasta para prestar ayuda. Es
en los peores momentos donde te das cuenta que los amigos de verdad no existen,
ya que incluso para tener un poco de apoyo has de ser tú quién, entre lágrimas,
les haga un cartel luminoso donde resalte “eh, necesito un poco de ti y de tu
tiempo”. No sé qué está pasándole al mundo ni a la sociedad, parece que las
tecnologías y la publicidad consumista nos dan un lavado de cabeza tan profundo
que nos cala hasta el cerebro y nos disuelve los valores. Pero, ¿es que tan
difícil es prestar un poco de atención a un/a amigo/a?, ¿nos cuesta tanto
activar la empatía y comprender que tenemos que ayudar alguna vez a quien más
lo necesita para después ser nosotros ayudados cuando lo necesitemos? Las personas
que sí reaccionan ante problemas ajenos acaban por aborrecer la falta de
interés cuando esta ayuda no es recíproca. Y es aquí donde debemos darnos
cuenta de que si no nos queremos, ni somos independientes, ni tenemos fuerza
interior, acabamos perdidos, hundidos en nuestras miserias ya que somos los
únicos en verdaderamente poder hacer frente de las adversidades. Las únicas
personas que puede ser que te ofrezcan una ayuda sincera serán los miembros de
tu familia, y a veces, por desgracia, ni siquiera ellos. En fin, siento que
cuando tus supuestos amigos te ven llorar incluso llegan a sentir una chispa de
llamémosle auto-satisfacción. Se sienten satisfechos de no estar ellos en tu
pellejo y de no ser ellos los que lloran en ese instante. Somos egoístas hasta
para ser empáticos y secar las lágrimas del prójimo. Suerte que yo no soy así. Suerte
que yo soy yo y me tengo a mí.
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